quinta-feira, 2 de março de 2017

"Trump, ou a revolução conservadora"

Via Alerta Digital 
La Revolución Conservadora está en marcha y se ha iniciado en EEUU. Los memos zombificados que son víctimas de lo “políticamente correcto” ladran a Trump, luego cabalga, aunque no sea santo de mi devoción, al menos inicialmente, pero por algo se empieza.

Es posible que si Trump fuera europeo compartiría etiquetas o hashtag (como dicen los tuiteros) del tipo #identitarios, #socialpatriotas, #stopUE, #stopOTAN, #stopglogalizacion, #stopLGTB, como hacen los movimientos identitarios españoles.

Los primeros pasos de Trump, a mi juicio, son gestos contra la globalización.

Esa globalización, entre otras cosas, produce cesión de soberanías de las naciones en pos de “gobiernos” supranacionales, pérdida de identidades y valores en nuestros pueblos, dilución racial (los globalistas son los racistas que no creen ni quieren la diversidad de razas) y pobreza, mucha pobreza, y a cambio nos devuelve una bazofia consistente en la imposición de lo “políticamente correcto” mediante la perversión de valores y una resignación ante la esclavitud impuesta por las oligarquías que están por la agenda del Nuevo Orden Mundial.

Llegó un momento en que las oligarquías estadounidenses tenían que elegir entre más Imperio o más Nación y eligieron esto último por razones, al menos, tácticas.

No es extraño en tanto que las civilizaciones que han dejado huella en la historia suelen compartir un patrón común cual es su expansión, de menor a mayor importancia en ciudad-estado, reino, nación e imperio y si resulta insostenible algún estadio, tienden a replegarse al estadio anterior, para avanzar después o retroceder más hasta desaparecer, así de simple.

Si difícil fue la elección de la opción entre más Imperio o más Nación, más difícil fue sacarla adelante con unos súbditos imbelicilizados por tanta propaganda “demócrata” clintoniana, apoyada por el propio Bush Jr, y abanderada por la criminal Hilaria Clinton, quien con la complicidad del sionista húngaro Soros y utilizando como herramienta la Fundación Clinton, han creado, armado y sostenido al ISIS, con la activa participación del gobierno de Obama, Arabia Saudí, Israel y Turquía.

Por encima de los políticos e incluso de los súbditos (dejamos de ser ciudadanos con la globalización) está lo que el sabio profesor y politólogo Dalmacio Negro (uno de los últimos que quedan vivos tras el fallecimiento del filósofo Gustavo Bueno) denomina la ley de hierro de la oligarquía (inicialmente formulada por Robert Michels, un relevante politólogo alemán, allá por los albores del siglo XX).

Básicamente la tesis que sostengo es que Trump está ahí porque las oligarquías dominantes así lo han querido, disponiendo, convenientemente los mecasinos para ello y optando por más nación.

Es lógico, EEUU tiene brechas internas que hay que tratar y brechas externas que hay que cerrar tras clamorosos fracasos por mucho ejército que tengan, cosechando fracaso tras fracaso, con escasas excepciones y desde la II GM.

Aún cuando pueda parecer que Trump es una suerte de outsider del establishment, no lo es, pues es parte del mismo, y está ahí porque las oligarquías lo han puesto con la coartada de los súbditos.

EEUU se repliega para reparar, reforzar, tomar impulso y avanzar.

En esta ocasión, el escogido por las oligarquías ha sido Trump, probablemente un sionista (baste ver quiénes predominan en su gobierno en materia económica), que temporalmente pretende volcarse más con el pueblo estadounidense que con los compromisos internacionales.

Además, quizás fuera la elección acertada, pues ese imperio estadounidense, inicialmente promotor destacado de la globalización, herramienta de la agenda del Nuevo Orden Mundial, ha sido debilitado por ella misma, desgastándose en operaciones militares y en golpes de estado “suaves” con la promoción de “primaveras” que no han prosperado, salvo en Ucrania.

EEUU ya tiene, prima facie, su oponente a la globalización que es Trump y en Europa, Putin, precisándose de un mundo con diversos polos y no uno sólo.

Ahora bien, Europa es extensa y diversa, y se necesitan más antiglobalizadores que frenen nuestra decadencia, manifestándose en un genocido blanco prolongado en el tiempo e intenso, gracias a las consabidas herramientas de las decadentes totalitarias dictaduras demoliberales (que conciben la democracia como una estúpida religión al servicio de las oligarquías para dar coartada a sus fines mediante sus medios) bajo la coartada de organizaciones internacionales que parasitan la soberanía de cada nación, llámese ONU, OTAN o UE.


Esas asesinas herramientas de la globalización son la política de género (destructora de todos nuestros valores europeos encarnados por el cristianismo), el supremacismo del mestizaje y de la inmigración masiva a Europa (para mediante la mezcla racial diluir a las diferentes naciones y razas de europeos en aplicación del Plan Kalergi), la deslocalización de la producción a otros continentes y el empobrecimiento progresivo de la población.

Quieren ahogar a la vieja Europa reemplazando a los europeos, cada vez menos reproductivos y más viejos, con sangre foránea con una cultura y tradición que no se puede ni integrar ni asimilar en Europa, conforme la desastrosa experiencia actual donde la inmigración es coladero de parásitos y terroristas (aunque en ambos casos, no todos).

Quizás Trump pueda ser una señal, y así lo parece, que anuncie el fin de la dictadura de lo “políticamente correcto” y todo su sustento dentro de una concepción globalizadora y rastrera que atenta contra sus semejantes en cada nación y cuya decadencia ya ha comenzado.

Si en Europa los movimientos identitarios no toman el poder, por una u otra vía (y siempre pacíficamente) ya no quedará Europa, sino un ramillete de zombies sin identidad a merced de los globalistas, con una imposición de culturas foráneas, enemigos declarados de los europeos, como pone de manifiesto la historia, para destrozar la diversidad europea de siglos.

Obviamente, el efecto Trump en España no prenderá a corto plazo por causa de que Rajoy, como digno sucesor de ZP, no tomará ninguna decisión patriota, pues su único fin es perpetuarse aún perseverando en esa gran traición, para con España y para con los españoles, en tanto renuncia a poner en orden el segundo problema más importante que tenemos en España (el primero es el demográfico) y que no es otro que el desafío de los secesionistas que aún no han sido ilegalizados, así como otras formaciones con vocación “nacional”, pero igualmente hispanofóbicas, como Potemos, siendo fuerzas, todas ellas, acreedoras de la más absoluta proscripción mediante su ilegalización.

En definitiva, Trump está transmitiendo la idea, frente a esos dictadorzuelos globalistas, eso de “América para los americanos” (en un “remake” de la doctrina Monroe, adaptado al tiempo).

Es un buen comienzo, lo que no implica un final de igual nivel, pero al menos ha iniciado así su mandato y si gentuza como la sionista Merkell tuvo sus 100 días, también es de recibo dejarle ese margen a Trump.

La solución está en la gente corriente, la que forma parte de los movimientos identitarios que tienen un objetivo común, el de reanimar, revitalizar y reactivar nuestra Nación y romper con la globalización, siendo conscientes que España vive un momento prerrevolucionario y que unos pocos identitarios valen más, por su fuerza, valor y disciplina que mil globalistas, acostumbrados a la holganza, la molicie, la mamandurría y el parasitismo (ahora que tenemos a los secionistas y a los “potemitas” en diversas corruptas instituciones, podemos padecerles con total amplitud y sin anestesia).

Si como Trump en EEUU, los movimientos identitarios españoles son capaces de movilizar a los españoles y superar a los enemigos que quieren perserverar en la destrucción de España, triunfará la Nación, ahora bien, a diferencia de EEUU, para conseguir éso, dada la asquerosa podredumbre de nuestras instituciones, hay que tomar la iniativa en la calle, progresivamente, en tanto es, en la puta calle, donde está la legimidad, que no reside ni en las urnas ni en las instituciones, por dimanar de un régimen ilegítimo, totalitario, corrupto y únicamente al servicio de las oligarquías que pretenden la desmembración de España y la pérdida de identidad de los españoles como pueblo, así como perpetuar en régimen de semiesclavitud a sus súbditos (auténticas ponedoras sin compasión que valen mientras ponen y cuando dejan de poner se sacrifican al sumirlas en la pobreza que conduce a la muerte por la desesperación).

La Revolución Conservadora (término de Armin Mohler retomado por la Nouvelle Droite, la Nueva Derecha) ha empezado, quizás, y con matices en EE.UU.

Esa Revolución Conservadora debe irradiarse a Europa y con ello a España, imponiéndose los movimientos identitarios ya sea por las urnas (lo que no creo porque el sistema utiliza mecanismos tramposos para evitarlo) o por el poder de la calle, y siempre, claro está, pacíficamente.



Es el momento de los movimientos identitarios en Europa y en España.



*Abogado / Presidente de pasionxespaña.es / @edumorato92

2 comentários:

Bilder disse...

Check https://geopolitics.co/2017/03/02/decapitating-trump-deep-state-wants-to-eliminate-ag-sessions-next/

A-24 disse...

Obrigado!